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Festival de cine europeo, gritos y susurros

28/05/2009



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La marcha de Grosso y las declaraciones de los responsables municipales de cultura despiertan fundados temores sobre el futuro del Festival y del panorama cinematográfico de la ciudad de Sevilla.
 
Una gestión exitosa con medios precarios. Una idea tan brillante como la de la creación de un Festival de Cine en nuestra ciudad no hubiera pasado de ser una fantasía sin una persona que, con un presupuesto escaso y una autonomía muy limitada en la gestión, ha sabido convertir en pocos años su proyecto en una realidad. El éxito de público y de crítica, el convenio estable con la Academia del Cine Europeo (EFA), que ha permitido la proyección de todas las películas seleccionadas para los premios del cine europeo (European Film Awards), o la presencia regular de grandes personalidades del cine como Ken Loach, Susan Sarandon, Leni Riefenstahl, Kenneth Branagh o Michael Nymann, son las claves que han permitido que un festival naciente se haya convertido en pocos años en una referencia internacional equiparable a la “Seminci” vallisoletana.
 
Incertidumbres y temores. Todo hace pensar que se cumplirá la tradición y que, una vez más, un activo cultural de la ciudad perecerá por simple desidia o por intereses políticos inconfesables, ya que en modo alguno parecen descabelladas las propuestas de Grosso para continuar al frente del Festival, sistemáticamente desoídas por las autoridades municipales y que han llevado finalmente a su dimisión: la gestión autónoma de una parte del presupuesto (237.000€ sobre un total de 1.600.000€) y del apartado de programación (uno de los puntos fuertes de Grosso) y la creación de una estructura permanente con personalidad jurídica propia. Piénsese que nuestra vecina Málaga –cada vez más alejada de nuestras tristes miserias hispalenses– dota a su Festival de 3.200.000€, además de contar con un modelo de gestión continuo y consolidado. Por otro lado, declaraciones como las de la responsable municipal de cultura, Maribel Montaño, en el sentido de “implicar el Festival en la Alianza de Civilizaciones de Zapatero” nos hacen temer un cambio en la naturaleza del certamen sevillano, que sacrificaría la excelencia cultural por una burda “ideologización” y la subordinación a intereses partidistas tanto en la programación como en la gestión económica y administrativa.
 

Una apuesta por la difusión del cine de calidad. El panorama cinematográfico de Sevilla es desolador: una ciudad que, por simple razones de población, reúne al mayor número de aficionados de Andalucía, apenas cuenta con un cine privado que ofrece versiones originales de películas actuales de calidad y con un escaso ramillete de cine-clubs para visionar a los clásicos, y ha sido hasta ahora marginada por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía en algo tan elemental como el establecimiento de una “subsede” de la Filmoteca de Andalucía (como la que, por ejemplo, posee Granada). En este triste páramo el Festival de Cine Europeo se había convertido en un valioso tesoro y, de cara al futuro, en un punto de partida para potenciar la cultura cinematográfica de Sevilla, con líneas tan interesantes de trabajo como la de la creación de un centro público de encuentro en torno al cine de autor o la recuperación del patrimonio sevillano filmado, líneas ambas, según nos consta, iniciadas por la labor de Manuel Grosso. Por ello solicitamos de las autoridades municipales que asuman plenamente estos ideales con los que nació el proyecto de Festival de Cine Europeo, que no se sacrifique a ningún fin espurio su nivel de excelencia, que lo apoyen con todos los medios económicos y administrativos que se requieran para la consolidación de su modelo actual y que, cuanto antes y con decisiones claras, se despejen todas las incertidumbres ante el futuro que circulan entre los aficionados al cine de nuestra ciudad.


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