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El superficial debate de la modernidad en Sevilla

28/05/2009



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1. Deslumbrados por la arquitectura espectáculo, ¿vamos contracorriente? ¿Dónde está el límite?

 
            En una reciente entrevista concedida al diario El País, el conocido arquitecto japonés Toyo Ito decía de los llamados edificios emblemáticos: "…nos están llevando a la ruina, son una auténtica barbaridad. Es justo hacia allí donde no hay que ir. La arquitectura tiene que fundirse con el entorno, no ser un elemento diferenciador".
 
            Francesco Dal Co, en una editorial aparecida en la revista Casabella en 2008, en los albores de esta inmensa crisis económica, reclamaba “una arquitectura normal para un país normal”.
 
                                                        
 
            Hemos asistido a lustros en los que las grandes firmas de la arquitectura se han comportado como vedettes, ansiosas por reclamar la atención. Y ese afán de notoriedad se extiende al poder político, al económico y al propio ciudadano. Todos queremos para nuestras ciudades proyectos emblemáticos, nuevos iconos que identifiquen la aportación que nuestra generación hace a la imagen de nuestra ciudad en el mundo y en la historia. Sería estúpido criticar este afán de superación, esta ambición de la que en otros siglos nacieron las grandes catedrales del mundo, pero cualquier tendencia puede incurrir en el exceso.
 
            Se ha diseñado para ser visto y llamar la atención, más que para ser vivido. Se ha llegado a un extremo en que la apariencia es la verdadera sustancia de la arquitectura, lo que la convierte en un producto singular para ser exhibido dentro del escaparate en el que se han transformado las grandes urbes del mundo. De ahí que en muchas de ellas podamos ver edificios o lugares con soluciones formales audaces y novedosas, que en ocasiones hasta parecen extraídas de una película de ciencia ficción. El problema es que se ha llegado a despersonalizar la arquitectura, llegando a lo que Josep Maria Montaner denomina como los “no lugares”, en los que el hombre pasa lo más rápido posible.
 
            Se incurre en la desmesura cuando no se tienen en cuenta las repercusiones ambientales de un proyecto, su diálogo con el paisaje urbano, su sostenibilidad financiera… El Empire State de Nueva York fue una ruina económica en la década de los cuarenta del siglo XX, hasta el punto de que era popularmente llamado el “Empty State Building”, en alusión a sus oficinas vacías, suerte que compartió con el precioso Chrysler Building. El puente que Santiago Calatrava proyectó para Venecia “rompe” deliberadamente el lugar, y está concebido esencialmente para ser visto, para distinguirse de su entorno, sin importar si armoniza o no, si dialoga con el paisaje o no. También rompió el presupuesto: de 4,7 millones de euros a 20 millones de euros.
 
                              
 
            El lector podrá pensar que el autor de estas líneas es un aguafiestas o un agorero, y piensa condenar la arquitectura contemporánea a una vestimenta anodina de babi gris, que mimetice formas historicistas a base de pastiches. Aquí comenzamos justamente nuestra diatriba.
 
            ¿Se es retrógrado, “carca” o antiguo porque a uno no le gusten los proyectos de la torre Pelli, el Metropol Parasol o la reurbanización de la Alameda de Hércules? ¿No cabe la posibilidad de que, siendo uno amante de la arquitectura de vanguardia, considere esos proyectos desafortunados por diversos motivos? En definitiva, ¿no cabe un debate mucho más rico que el generado entre los extremos de los conservacionistas radicales y los adalides a ultranza de la modernidad en Sevilla?
 
            Podemos poner ejemplos de edificios que, siendo en su momento pura vanguardia, respetaron plenamente el entorno, no sólo eso, sino que lo enriquecieron:
 
            -La casa de la cascada, en Pensilvania, de Wright.
 
-El auditorio universitario, en Helsinki, de Alvar Aalto.
 
-La ópera de Sydney, en plena bahía, del danés Joern Utzon, un “clásico popular” ya, conocido por cualquier persona de cultura media.
 
El propio Gaudí, espectacular como pocos, está considerado uno de los máximos exponentes de la arquitectura orgánica u organicismo, movimiento caracterizado por su preocupación por la vida del hombre, donde el diseño busca la integración del proyecto con el sitio, los edificios, los mobiliarios, y los alrededores para que se conviertan en parte de una composición unificada.
 
                        
                                  Casa de la Cascada, de Wright
 
                 
                  Auditorio universitario, en Helsinki, de Alvar Aalto
 
Y en la misma Sevilla podemos mencionar excelentes muestras de arquitectura o ingeniería de vanguardia respetuosa con la ciudad y sus gentes, como el edificio que Moneo diseñó para Previsión Española, justo detrás de la Torre del Oro, que debería servir de faro y guía para muchos, como ejemplo de cómo se puede hacer arquitectura radicalmente nueva a partir del respeto al patrimonio histórico, o el puente del Alamillo, de Santiago Calatrava, cuyo pureza de líneas embellece los cielos del norte de Sevilla.
 
Ambos ejemplos respondieron a unas necesidades de nuestra ciudad, contaron con unos presupuestos y rinden un servicio adecuado. Hubo una perfecta proporción entre medios y fines.
 
                        
                      Detalle de la fachada del edificio de Previsión.
 
 
Actualmente se ejecuta un proyecto importante en Palmas Altas, diseñado para Abengoa por el premio Pritzer Richard Rogers, donde se potencia por una vez de verdad el tan manido valor de la sostenibilidad ambiental. Y recientemente se ha adjudicado la ejecución del proyecto de Cruz y Ortiz para consejerías de la Junta de Andalucía, que apunta a ser un magnífico edificio, plenamente integrado en el entorno de la calle Pablo Picasso. 
 
             
                      Recreación virtual de Palmas Altas, de Rogers.
 
                  
                     Proyecto de edificio para consejerías de Cruz y Ortiz.
 
¿Puede decirse lo mismo, por ejemplo, del Metropol Parasol? Indudablemente se trata de una creación valiente y original, ¿pero rinde ese diseño apropiadamente en el contexto de la plaza de la Encarnación? La primera duda que asiste a cualquiera que trata de imaginarlo terminado es la de la proporción. La segunda es la de su respeto al ambiente, pues estamos ante una construcción, la cual pese que no “para el sol” acogota a los edificios vecinos. Eso se verá muy claramente cuando el Metropol se contemple, una vez terminado, desde la Giralda. Sin duda, será la segunda agresión al conjunto histórico junto al edificio del Corte Inglés, los dos mazacotes que destruirán la continuidad de nuestro paisaje histórico. A partir de ahí, otras dudas del proyecto se van confirmando a medida que pasa el tiempo: la dificultad en su construcción, el cumplimiento de plazos, las desviaciones presupuestarias.
             
            En esta encrucijada, la pregunta que cabe hacerse es si no era posible otro proyecto en la Encarnación, todo lo vanguardista que se hubiese querido, pero que respetase más el entorno y el paisaje urbano del conjunto histórico, y fuese más proporcionado, más pensado para el ciudadano y menos por la megalomanía.
 
                    
 
            .
2. La historia de los rascacielos y la torre Pelli de Sevilla. 
 
         Los primeros rascacielos fueron hijos de una civilización industrial, emergente a principios del siglo XX, esa a la que cantó Gershwin con su famosa “Rhapsody in blue” o que pintó Fernand Léger. Eran símbolos utópicos de una nueva era industrial, plena de optimismo y con su propia estética.
 
Como se ha escrito, el rascacielos es uno más de los artefactos de progreso nacidos del desarrollo tecnológico que se dispara a partir de 1890. Nacieron en Chicago por la conveniencia de concentrar el funcionamiento de la ciudad en el centro. El acero como material constructivo y la invención del ascensor por Elisha Otis en 1853 permitieron cristalizar esta nueva concepción arquitectónica, que permitía el planteamiento de una innovadora solución para la planificación urbana para la metrópolis estadounidense en aquellos tiempos.
 
Respondían a un criterio arquitectónico que entendía que una ciudad se embellece a través de sus edificios. Los rascacielos retenían desde su concepción los argumentos clásicos, reflejaban el conocimiento por sus autores de la historia de la arquitectura. El Flatiron Building, de Nueva York, ilustra con su utilización de elementos de la Antigüedad lo que venimos diciendo.
 
                         
 
           
                   Detalles decorativos en fachada del Flatiron Building.
 
El orgullo de aquellos rascacielos levantados con la energía del espíritu de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX radicaba en su verticalidad, una verticalidad que se fundaba en la redefinición del esquema de basamento, fuste y capitel de la columna clásica: «Debe ser alto, hasta la última pulgada debe ser alto. La fuerza y el poder de la altura deben existir en él...una unidad sin una sola línea disidente», escribió Louis Sullivan, uno de los artífices de aquellas estructuras que se alzaban al cielo. La Escuela de Chicago, de la que Burnham fue uno de sus protagonistas, fue la que interpretó simbólicamente la altura del rascacielos como expresión metafórica del poderío de su tiempo y como su fundamento esencial de belleza.
 
Un siglo después, estamos planteando en Sevilla la construcción de un rascacielos como aportación de nuestra ciudad a la arquitectura de vanguardia mundial. Todos queremos una Sevilla cosmopolita y pionera. ¿Nos aporta ese sello de dinamismo este rascacielos de 300 millones de euros?
 
Parece difícil negar que la intención del proyecto es erigir un nuevo icono en la ciudad, para lo cual se le reserva posiblemente el espacio más privilegiado que Sevilla podría confiar a un rascacielos: un recodo del Guadalquivir, situado entre el Aljarafe y el casco antiguo, con una perspectiva impagable para cualquier arquitecto. Si ahora desde el puente de Isabel II nos aborda la mole de Torre Triana, de Sáinz de Oiza, dentro de unos años nos abrumará la altura de la Torre Pelli.       
 
¿Era necesario construir un rascacielos por la demanda de oficinas actualmente en la ciudad? No. ¿Era necesario un rascacielos ante la carencia de suelo para ese uso? No. ¿Se sopesaron las ventajas e inconvenientes urbanísticos y patrimoniales de situarlo en su emplazamiento en Puerto Triana? Posiblemente no. Ergo, ¿para qué un rascacielos? Posiblemente por su representatividad, a falta de otra razón.
 
Sin embargo, si se perseguía crear un icono diferenciador, la realidad es que estamos ante un proyecto “del montón”, que para convertirse en icono de una ciudad como Sevilla carece de originalidad alguna. Puestos a tener un rascacielos espectacular, podríamos habernos mirado en un proyecto de la entidad del Tourning Torso, de Calatrava, que aunque tuviera penosas consecuencias presupuestarias, es indiscutible que sitúa a la ciudad sueca de Malmoe en el mapa de la arquitectura internacional. Sin salir de España, Madrid nos acaba de ofrecer cuatro rascacielos de mayor altura y cuyo diseño nada le envidia a nuestra torre Pelli, cuya mayor virtud es la sobriedad.     
 
            
                            Maimoe, con el Turning Toiso a la derecha.
 
 
Es más, posiblemente la Torre Pelli fuera uno de los proyectos más anodinos de los que participaron en el concurso. Si se quería algo innovador, no parece que Sevilla lo haya conseguido. Puestos a ser osados y valientes, deberíamos haberlo sido en Sevilla mucho más. Muchos preferían el proyecto de Arquitectónica o el rompedor de Isozaki. Con la Torre Pelli se tiene la sensación del “quiero y no puedo”, con la pena de la irreversibilidad, pues se quedará en ese sitio para siempre.
 
Es Pelli uno de los grandes arquitectos de nuestro tiempo. Sin embargo, nadie nos quita la impresión de que el proyecto de la torre sevillana era en su origen un proyecto estandarizado, que habría valido para Sevilla, Buenos Aires o Bombay, y sólo una vez elegido, ha sido relativamente “personalizado” a Sevilla. Pero sólo relativamente. Ocurrirá en Sevilla algo parecido a ese edificio con forma de supositorio de Barcelona, que tiene algún clónico por ahí.   
 
            
                              Recreación de la Torre Pelli y su entorno.
 
              
                                       Torres Business Area, Madrid.
 
                    
                                    Recreación de vista de la Torre Pelli
 
Y falta un aspecto importantísimo por tocar: su impacto paisajístico y ambiental. Causa verdadera pena ver cómo son tratadas las voces críticas en este aspecto con el proyecto en algunos foros de Internet. Al parecer, quien piensa que la torre hubiera estado mejor en otra ubicación de la ciudad directamente es un retrógrado, sin posibilidad de matices. ¿No habría sido una buena ubicación la proximidad del puente del Alamillo, cerca del estadio olímpico, del edificio CREA de Sevilla Global, el monumento a Colón y el parque empresarial de Torneo? Eso habría desplazado el desarrollo de la ciudad al norte, descongestionando una zona que parece imposible que absorba el incremento de tráfico en torno a Torre Triana y la torre Pelli sin graves consecuencias.
 
Y además habrían mantenido los cielos limpios en la proximidad de nuestro conjunto histórico, que no va a ganar nada con la silueta de un rascacielos mediocre emergiendo inopinadamente. Se habría apostado sobre seguro desplazando la localización de la torre hacia el norte de la ciudad.  
 
          Proyecto de Isozaki, para torre en Puerto Triana.
 
         Enresumen:
 
            -El proyecto parece responder a la necesidad de erigir un nuevo icono en Sevilla, representativo de nuestro tiempo.
            -Múltiples aspectos del proyecto parecen precipitados o incluso improvisados.
            -No se ha demostrado públicamente que exista un estudio serio de impacto sobre el paisaje urbano del rascacielos.
            -Para desempeñar la función de icono que proyecte la imagen moderna de Sevilla en el mundo, el proyecto parece pobre.
 
            Viendo rascacielos como el edificio Aqua, del estudio Gang (en la siguiente página), que se construye actualmente en Chicago, puede apreciarse lo que es proyectar gigantes hoy en día con capacidad de sorprender. Puestos a competir en la arquitectura espectáculo, nuestra torre de Pelli es bastante modesta. No sorprende porque repite fórmulas.
 
                                                   
 
                              
                                   Otra vista virtual del edificio Agua, en Chicago.
 
            Nos tememos que, de momento, la Catedral seguirá siendo el edificio más importante de Sevilla durante mucho tiempo, a bastante distancia del siguiente.
 
            Eso sí, el entorno de la torre Pelli, salpicado de zonas verdes, comerciales, equipamientos y gran auditorio, es de gran belleza y puede convertirse en el gran polo de actividad de la ciudad de Sevilla, contribuyendo a un cierto desplazamiento del centro comercial en dirección oeste. Justo es reconocerlo.     
 
 
3. La crisis económica mundial: ¿influye en la arquitectura?
 
Las crisis no son sólo económicas. De hecho, tienen su origen en modelos de comportamiento humano que se demuestran agotados y sirven para poner de manifiesto la necesidad de un cambio de valores. La arquitectura no podía ser una excepción. Es significativo que nombres como Calatrava, Foster o Nouvel hayan visto cancelados sus proyectos de grandes rascacielos para Chicago, Moscú y Nueva York. Evidentemente existe un problema de financiación como causa principal, pero no descartamos que como consecuencia de la crisis económica tenga lugar un replanteamiento de valores.  
 
                      
               Proyecto de J.Nouvel, Verre Tower, 381 m. junto a Central Park
 
La explosión especulativa bautizada como burbuja inmobiliaria, que aunque muy acentuada en España no es un patrimonio exclusivo de nuestro país, ha generado el mal hábito de edificios megalomanos que generaban rápidas plusvalías… hasta que el negocio se desinfló. Edificios planteados como emblemas para empresas multinacionales, para aparentar más que para justificarse por su funcionalidad, sostenibilidad ambiental y economía.
 
Sin embargo, parece haber llegado la hora del replanteamiento. La arquitectura, como cualquier otra actividad humana, incluyendo la producción científica y artística, es una actividad económica.
 
             
Otro proyecto aplazado: Costanera Center, en Santiago de Chile, de César    
                            Pelli. el que iba a ser el edificio más alto de Sudamérica.
 
Visto desde este punto de vista y si en Sevilla se coincide que en este momento no existe déficit de metros cuadrados de oficina, ¿tiene sentido emplear tantos recursos económicos y esfuerzo en la construcción de este rascacielos? Es obvio que su construcción generará empleo y actividad. Ahora bien, no es esa una respuesta válida, pues la pregunta que los gestores económicos y políticos de la ciudad deberían formularse es si la torre Pelli es el mejor destino en este momento para invertir esos 300 millones de euros que cuesta.
 
Otro aspecto que entendemos que no se ha considerado lo suficiente en la valoración del proyecto es el de la atracción turística. Si Sevilla “sacrifica” un enclave privilegiado de su suelo urbano y de sus cielos, cual es el de Puerto Triana, a un rascacielos, hubiera sido interesante un proyecto que hubiese diferenciado a Sevilla, como lo hacen las restantes “cimas” de la ciudad: Giralda, Plaza de España, Puente del Alamillo. La torre Pelli no resultará atractiva al visitante de Sevilla porque carece de originalidad. En este trabajo ya hemos visto varios proyectos que sí constituyen iconos atractivos para el visitante.
 
 
4. La nueva piel (in)sensible de Sevilla y la Alameda de Hércules.   
 
Con la urbanización ocurre algo parecido al edificio espectáculo: la puñetera manía de las “plazas duras” o dícese del arquitecto que se empeña en corregir nuestros hábitos para decirnos cómo una ciudad tiene que entender su calle. Una plaza dura podría definirse como algo que queda muy bien dibujado a carboncillo sobre el papel, y que resulta “invivible” con el calor, con el viento, con la lluvia o con el frío.  
 
En los últimos años hemos asistido en Sevilla a un proceso preocupante, donde al socaire de ideas positivas como la renovación o el respeto al medio ambiente, se ha violado la imagen de espacios históricos, se han cometido arboricidios protestados por la ciudadanía, se ha utilizado un mobiliario urbano fuera de contexto –en ocasiones, de pésimo gusto-, se han acometido obras totalmente redundantes e inútiles o bien el proyectista se ha empeñado en utilizar materiales para la reurbanización totalmente inapropiado para las características de Sevilla.
 
Dentro del desaguisado, posiblemente la Alameda de Hércules se haya llevado la peor parte, pese a que no se han escatimado esfuerzos. Muy pocos logros tiene el nuevo proyecto a los ojos de cualquier persona normal:
 
-Empleo de una losa porosa, para colmo de un color que imita el albero, que está sufriendo un vertiginoso (pero previsible) proceso de degradación.
-Farolas de un pésimo gusto, que agraden al paisaje urbano de la Alameda. Entiéndasenos, no abogamos por un maniático uso de la farola fernandina, pero entre ésta y la acatetada farola que se ha instalado en la Alameda, existen miles de posibilidades. Las nuevas farolas tienen todo menos diseño. La “agresión farolera” alcanza el paroxismo en el tramo inicial de la calle Santa Ana, donde esa farola de báculo “kitch” color crema se superpone literalmente al alumbrado tradicional de brazo en las fachadas de las casas.
-Construcciones en el centro de la Alameda que son completamente innecesarias, destrozan la continuidad del espacio, se solapan a los antiguos puestos, recuperados con fortuna, y para colmo constituyen pequeños habitáculos completamente inútiles.
-Marmolillos de nula esbeltez con un desproporcionado impacto visual en la Alameda.
-Ondulaciones del terreno frívolas.
-Fuentes de complejo mantenimiento.
 
En suma, cabe apostar porque esta reurbanización tardará poco en pedir auxilio. En lugar de mejorar en durabilidad y la sostenibilidad, caminamos al revés.
 
En cuanto al proyecto Piel Sensible para las plazas de la Pescadería, del Pan y su entorno, cabe preguntarse por qué motivo se permite a un proyectista utilizar materiales como el aluminio que con toda probabilidad no podría utilizar un particular en una fachada de algún edificio protegido de esos mismos espacios. La plaza del Pan ha perdido gran parte de su romanticismo con su nuevo enlosado y su impactante mobiliario de rígido diseño.
 
                            
                                                  Alameda de Hércules, farolas y marmolillos.
 
Alguien podría decir legítimamente que la plaza del Pan le gusta tal como ha quedado. El problema radica en que se ha alterado una imagen antigua a favor de otra concepción mucho menos diferenciadora, mucho más estandarizada. Dicho en términos coloquiales, el tipo de urbanización de la plaza del Pan podríamos encontrarlo en otros muchos lugares, de suerte que con el nuevo y premiado proyecto este antiguo lugar ha perdido una parte de su carácter.
 
Cuando se reurbaniza en un casco antiguo se debe tener en cuenta el contexto y la historia. No tener en cuenta esos aspectos es proyectar con frivolidad.
 
Los políticos locales del primer Ayuntamiento de Sevilla de la etapa democrática se emocionaron cuando reaparecieron los adoquines de la plaza de San Francisco. Veníamos entonces de unos años de dolorosa destrucción de nuestros edificios y nuestro legado urbanístico. Hoy parece haberse perdido el valor referencial que el legado recibido debe tener para cualquier nuevo proyecto de reurbanización.   
 
                               
 
5. Modernidad a cualquier precio: adalides de la modernidad en Sevilla.
 
         Partimos de la base de que toda opinión es valiosísima, pues vivifica a una ciudad y una región que necesitan ese protagonismo del ciudadano. Cada vez que una persona se toma la molestia de dar su opinión en un foro sobre cualquiera de estos temas, está conformando la opinión cívica, que es el resultado de una suma de visiones. En otras palabras, cualquier opinión constructiva es per se positiva, con independencia de su sentido.
 
            Partiendo de la necesidad de fomentar el debate ciudadano sin ataduras, sería deseable caer en la cuenta de que así como el conservacionista a ultranza puede pecar de refractario, el amante de Sevilla que desea para su ciudad proyectos de envergadura que la mantengan en la vanguardia puede incurrir, conducido por un exceso de buena fe, en aceptar como santificados proyectos que en realidad son mediocres.
 
            Es esto lo que hemos pretendido en este artículo: fomentar el espíritu crítico. No se renuncia a la vanguardia porque no nos guste determinado proyecto, no se puede querer ser vanguardista a cualquier precio.
 
            En primer lugar, lo más vanguardista es conservar el patrimonio histórico que nos ha sido legado. Así, por supuesto, no nos equivocaremos. Esto exige respetar la imagen de la ciudad.
 
Pero en segundo lugar, la conservación del patrimonio no puede convertirse en un corsé asfixiante que impida el desarrollo futuro de Sevilla.
 

            Es fácil comprender que ambas aspiraciones son conciliables a menos que se trabaje con la planificación adecuada y con una visión estratégica para la ciudad de Sevilla, posiblemente lo que le esté faltando a esta ciudad.


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