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Sevilla. ciudad de la cerámica

28/05/2009



[Ver Archivo Asociado]

 

                                  
 
I.- ANTECEDENTES. 
 
         El turismo cultural de la ciudad de Sevilla adolece de una excesiva “centralización” o concentración en torno al Alcázar de Sevilla y, sobre todo y fundamentalmente, a la Catedral. Esta circunstancia, que viene siendo advertida por colectivos como la Asociación de Guías Profesionales de Sevilla, tiene efectos negativos pues:
 
            1. Debilita la calidad de la oferta turística de la ciudad de Sevilla, en cuanto masifica la presencia de turistas en un reducido espacio.
 
            2. Eclipsa otros bienes de interés cultural: la riqueza del patrimonio religioso, la variedad de la oferta pictórica, la Casa de Pilatos, el palacio de la condesa de Lebrija, museos, lugares de interés etnológico, etc.
 
            3. Empobrece la visión de Sevilla.
 
            4. Genera una oferta que no favorece el incremento de pernoctaciones de la ciudad.
 
            El problema es mucho más profundo pues ese empobrecimiento del horizonte o de la oferta cultural y patrimonial de Sevilla no sólo se proyecta sobre el turismo, sino sobre el propio conocimiento que los sevillanos tienen de su historia y patrimonio.
 
            Ese desconocimiento de los sevillanos abarca aspectos de nuestra cultura de gran importancia, como son -a título de ejemplo- esa Sevilla oculta de los conventos y templos, los polifonistas del Renacimiento o la cerámica, de importancia capital por lo mucho que ha aportado a nuestras cultura y economía a lo largo de la historia.
 
            Pocos centros de producción cerámica tienen una historia tan rica como Sevilla, que ha incorporado a lo largo de los siglos técnicas y estilos que van desde lo hispanomusulmán a lo renacentista. Los artesanos de Sevilla, localizados principalmente en Triana, llegaron a caracterizarse por una pincelada suelta, a diferencia del dibujo más concreto y preciso de otros centros como Talavera. Podemos decir que estamos ante una escuela, cuya influencia ha trascendido las fronteras al constituir el germen de la cerámica portuguesa, a través de las importaciones patrocinadas en los siglos XV y XVI por el rey Manuel del reino vecino.
 
            Esa cerámica se encuentra presente en lugares emblemáticos salpicados por toda Sevilla como el Alcázar, la Casa de Pilatos, la Cartuja de Santa María de las Cuevas, templos como el de Santa Ana y San Gil, o conventos como los de Santa Paula y San Clemente.
 
            El esplendor de la cerámica sevillana llegó al siglo XX, que vio el quehacer de los maestros Pérez de Tudela y su sobrino Antonio Kiernam, almas mater de Cerámicas Nuestra Señora Santa Ana. Incomprensiblemente, hasta la fecha Sevilla no ha tenido un museo que muestre esta parte de nuestra historia y nuestra creación artística.
 
            Sin embargo, la cerámica de nuestra ciudad ha languidecido, hasta el punto de que no resiste la comparación con centros que mantienen su pujanza como Talavera.    
 
            En este contexto, la asociación Velázquez por Sevilla considera que la donación de la colección Carranza y la creación del Museo de la Cerámica en Triana, lejos de ser incompatibles, constituyen una doble oportunidad y pueden entablar un diálogo entre sí, en el que una potencie al otro y viceversa. 
 
                                                                            
 
II.-     ACERCA DE LA COLECCIÓN CARRANZA.
 
            Lo más importante de la colección Carranza, más allá de su millar de piezas o de que integre obras espectaculares como el Via Crucis del siglo XVIII o los platos míticos de Manuel de Arellano o de Pérez de Tudela, es el valor que tiene como colección en sí. Es difícil reproducir una colección que abarque la historia de la cerámica de Sevilla entre los siglos XIV y XX, dada la escasez de piezas en el mercado de antigüedades de esta relevancia. Tal dificultad en completar una colección completa de cerámica de Triana se traduce en la menor presencia de los siglos XVI y XVII en la colección Carranza. 
 
            Su propietario, motivado por razones filantrópicas y sentimentales, ha manifestado reiteradamente tanto a responsables municipales como a diversos medios de comunicación su voluntad de legarla a Sevilla, en memoria de su hijo, promotor de la colección, a condición de que sea expuesta permanentemente en el Alcázar de Sevilla, tal como reiteradamente le fue ofrecido desde el Ayuntamiento a lo largo de doce años. No obstante, se ha de recalcar que la intención del donante no se centra necesariamente en las cinco salas destinadas en la actualidad a exposiciones temporales, sino que admitiría la ubicación de la colección en otras dependencias del Alcázar, como la Casa del Asistente y el Cuarto del Almirante, posibilidad que fue valorada positivamente por la propia portavoz del equipo de gobierno del Ayuntamiento de Sevilla en declaraciones a Europa Press el pasado 25 de agosto. Aun cuando este segundo espacio tenga menor superficie expositiva, podría albergar perfectamente la colección Carranza.
           
Así pues, el donante exige que el destino de su colección sea el Alcázar de Sevilla, pero no se muestra intransigente sobre la ubicación exacta de su colección siempre que se encuentre dentro del gran palacio propiedad de los sevillanos. En nuestra opinión no debería polemizarse sobre este aspecto, pues aunque el Museo de la Cerámica pudiera ser un destino posible choca con la voluntad del donante y, ante la diatriba, entendemos que la estrategia más favorable para los intereses del municipio es tratar de compatibilizar ambas colecciones a fin de que Sevilla no se vea privada del legado Carranza. Nuestra convicción se refuerza ante la gratuidad de la cesión, cuya exposición en Sevilla tendría uncoste mínimo, siendo lógico por otra parte que el donante plantee una revisión del convenio inicial transcurridos veinte años, algo relativamente frecuente en donaciones de estas características.   
 
            La solución propuesta permitiría, además, compatibilizar la existencia en el Alcázar de las cinco salas destinadas a exposiciones temporales con localización de la colección Carranza dentro su recinto, con lo que Carranza vería cumplida la promesa dada en tanto que el Ayuntamiento dispondría de las salas necesarias para exposiciones temporales.
 
            Por otra parte, resulta obvio que aunque el Museo de la Cerámica de Triana podría ser un destino adecuado para albergar una colección de cerámica trianera, el Alcázar de Sevilla no lo es menos, pues sin duda posee en sus muros, patios, jardines y estancias la más completa y mejor colección de cerámica de Sevilla, de prácticamente todas las épocas. De ahí que un museo de la cerámica en su recinto podría aprovechar su discurso museístico para explicar al visitante las diferentes épocas de la cerámica sevillana representadas en el Alcázar.
 
                                         
 
 
III.-    PROPUESTAS PARA LA CREACIÓN DE LA COLECCIÓN DEL MUSEO DE CERÁMICA DE TRIANA.
 
            A nadie escapa que para el Museo de la Cerámica de Triana existe la importante base de la colección de Cerámicas Santa Ana. Se trata de otro legado sin par, que habría de ser complementado con la búsqueda de obras de nuestros ceramistas en Sevilla y fuera de Sevilla para la consecución de una colección de primer nivel. La tasación del mismo en 360.000 euros nos parece una cantidad francamente asequible, que puede ser financiada directa o indirectamente por el Ayuntamiento de Sevilla mediante múltiples fórmulas, algunas de las cuales podrían ser acompasadas en el tiempo, simultáneas a la explotación del museo. Ni que decir tiene que mostramos nuestra mejor disposición a colaborar en la búsqueda de esas fórmulas.  
 
            Pero no es la colección de Cerámicas Santa Ana el único punto de partida. Alfonso Pleguezuelo, profesor de la Facultad de Bellas Artes de Sevilla y posiblemente el mayor conocedor de la cerámica trianera, en el libro Cerámicas de Triana: colección Carranza, editado por la Fundación El Monte en 1996, con ocasión de la exposición celebrada en San Clemente aquel año, ya planteaba que, frente al caso del Museo de Cerámica de Talavera de la Reina, resultante de una donación, en Sevilla se habían producido varias donaciones de importantes colecciones de cerámica:
 
            “El caso sevillano no cuenta con una donación sin con las de tres grandes colecciones: la de González Abreu (1928), la de Gestoso (1931) y la del conde de Aguiar (1945), además de un espléndido fondo de azulejos históricos producto de las desamortizaciones y otras muchas colecciones arqueológicas que urge reunir en un solo lugar.”
 
             Bien es verdad que los diferentes legados han sido objeto de cierta dispersión en diferentes museos como el de Bellas Artes, el Arqueológico o el de Artes y CostumbresPopulares de Sevilla. Lo lamentable del caso es que con mayor frecuencia de la deseable, nuestra cerámica descansa en anaqueles polvorientos de los almacenes de esos y otros museos. Siendo claros, consideramos que es un deber del Ayuntamiento de Sevilla la recopilación de todos esos fondos dispersos para la creación del Museo de la Cerámica de Triana. El ciudadano tiene derecho a preguntarse dónde están esas colecciones donadas en el pasado, que en el mejor de los casos se exponen de manera errática y segmentada.       
 
La recopilación de obras no sólo debería referirse a los fondos erráticos en museos, sino a los muchos que existen en talleres y tiendas, casas particulares y pequeñas colecciones. Se trata de piezas que, en algunos casos, no tienen un valor económico exorbitante consideradas de manera aislada, pero que lo cobrarían integrando una colección coherente.
 
Aunque el siguiente juicio pueda parecer una declaración utópica de buenas intenciones creemos que es una verdad incontestable: si alguien puede crear una colección de cerámica de Triana insuperable es la ciudad de Sevilla. Efectivamente, para el empeño propuesto, en la medida en que se planifique y se comunique a la ciudadanía con claridad, consideramos que el Ayuntamiento de Sevilla no estaría solo. Por lo pronto, la asociación Velázquez por Sevilla se brinda a colaborar desinteresadamente y consideramos que podría constituirse una plataforma ciudadana pro Museo de Cerámica de Triana, en la que se integrarían los diferentes estamentos ciudadanos, comenzando por todas las asociaciones de defensa del patrimonio, cuyo objeto fuera recopilar una colección de cerámica de talla internacional para ilustrar la colección de cerámica de Triana. La plataforma trabajaría en estrecha colaboración con el Ayuntamiento. Lo importante es que el Ayuntamiento trabaje con una estrategia clara y bien comunicada a los ciudadanos, a fin de que todos los esfuerzos caminen en la misma dirección.
 
No sólo se trataría de un proceso de búsqueda de obras de nuestros artesanos en la ciudad de Sevilla, sino que estimamos que podría solicitarse la colaboración de entidades públicas como el Museo Arqueológico Nacional y otras, en que existen restos aislados de cerámica de Triana de diversas épocas de gran valor histórico, cuya cesión al Museo de la Cerámica de Triana estaría más que justificada. Incluso podría realizarse una prospección en los mercados de antigüedades de Hispanoamérica, donde pueden encontrarse piezas en su momento exportadas desde Sevilla.      
 
            Por otra parte, aunque en el mercado de antigüedades escaseen las piezas de cerámica antigua de Triana de importancia, en los catálogos de las grandes casas de subasta españolas no es extraño encontrar pequeñas piezas de nuestros artesanos de todas las épocas, que poco a poco permitirían engrosar los fondos del Museo de la Cerámica de Triana sin un coste excesivo. 
 
            En resumen, la constitución de la colección del Museo de la Cerámica de Triana exige más trabajo que dinero; no ocultamos que un esfuerzo grande, pero al alcance del Ayuntamiento de Sevilla sin lugar a dudas.
 
            Evidentemente todo este proceso habría de ser dirigido por especialistas acreditados en la historia de la cerámica de Triana, proponiendo desde aquí al profesor Pleguezuelo, con quien esta asociación NO mantiene relación alguna.
 
 
IV.-    LA COMPATIBILIDAD DE DOS COLECCIONES: POR QUÉ LA COLECCIÓN CARRANZA EN EL ALCÁZAR POTENCIARÍA EL MUSEO DE LA CERÁMICA DE TRIANA.
 
            De lo hasta aquí dicho se deduce que Sevilla contaría con una colección de cerámica y un Museo de la Cerámica, lo que obligaría a plantear dos discursos museísticos no ya compatibles, sino complementarios el uno del otro. Eso es algo que entendemos puede hacer el especialista que proponemos.
 
            Muy a grandes rasgos, ya que carecemos de la especialización y los conocimientos necesarios, la colección Carranza, en la que existen varias piezas de relumbrón, podría orientarse hacia un discurso más basado en la evolución artística, puesto en relación con las tendencias que a lo largo de los siglos se suceden en el propio Alcázar, mientras que el Museo de la Cerámica sería mucho más exhaustivo en la interpretación para el visitante y en él se explicarían las técnicas, la evolución del gremio de ceramistas en Sevilla y sus talleres, y otros aspectos más detallados.
 
            Entendemos que nuestra propuesta, evidentemente muy genérica como no puede ser de otro modo en este breve trabajo, es coherente con la existencia en el inmueble de Cerámicas Santa Ana de los hornos para la cocción y las dependencias anexas para la fabricación de piezas, archivos históricos y enseres relacionados con el oficio de la alfarería, así como con la propia ubicación que tendrá el Museo de la Cerámica de Triana.
 
            Más allá de la compatibilidad, una oportunidad. 
 
            Volvemos ahora al principio. Decíamos que Sevilla adolece de una concentración de su visitante cultural en el eje Catedral-Alcázar, de suerte que el resto de la riqueza patrimonial es muy desconocido dentro y fuera de la ciudad.
 
            La existencia de la colección Carranza en el Alcázar podría servir de introducción y reclamo para el Museo de la Cerámica de Triana y, en general, para la visita de Triana misma. Planteamos varias ideas:
 
            1ª El visitante sujeto al pago de entrada, pagaría un precio público conjunto adicional para la colección Carranza y el Museo de la Cerámica de Triana.
 
            2ª Se recomendaría al visitante del Alcázar la previa visita de la colección Carranza, pues en su discurso museístico se explicaría la evolución de la cerámica sevillana que luego verá aplicada en las diferentes estancias: desde los patios mudéjares, hasta las partes renacentistas o posteriores del conjunto monumental. De ahí que sería recomendable tener en cuenta esa relación en la exposición de la colección Carranza.
 
3ª A la entrada del Alcázar y previo al paso por taquilla, el visitante pasaría por un centro de recepción de la cerámica, en el que con medios verdaderamente atractivos y cómodos a un primer vistazo, perciba el interés de la visita a ambas colecciones de cerámica.
 
4ª Al propio tiempo que esta “recepción” encauzaría al visitante al Museo de la Cerámica de Triana, se dejaría entrever el resto de los atractivos culturales que ofrece Triana: Castillo de San Jorge, Santa Ana, conjunto histórico, vistas del Guadalquivir, iglesias y sedes de hermandades…
 
5ª Por último, se ofrecería al visitante una ruta de los principales talleres donde puede adquirir cerámica en Triana. En el siglo XVIII, el informe que fue elaborado a instancia del conde de Floridablanca informaba de que 1.200 personas trabajaban en la cerámica en Triana. No tiene sentido este proyecto si, al mismo tiempo, no sirve de elemento revulsivo de este gremio que debe seguir siendo seña de identidad para Sevilla.
 
                                         
 
V.- RECAPITULACIÓN: FINES PERSEGUIDOS CON ESTA PROPUESTA.          
 
 
1º      Potenciación de la actividad artesanal de la alfarería en Sevilla.
 
2º      Descentralización del turismo cultural: aprovechar el recurso del Alcázar y la colección Carranza para derivar un porcentaje de visitantes a Triana, utilizando el Museo de la Cerámica y los talleres trianeros como reclamo.
 
3º      Conseguir para Sevilla la colección Carranza.
 
4º      Potenciar aún más el Alcázar como un gran centro cultural, pues seguiría aglutinando las actuales salas de exposiciones temporales y albergaría la colección Carranza, que permitiría mejorar la explicación al visitante de su riqueza cerámica.
 
         En suma, con esta propuesta, evidentemente mejorable y matizable, nadie pierde: SEVILLA GANA.

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